| Cualquiera que haya andado con Dios por un tiempo se percatará de que no existe una rutina programada para su manera de comunicarse. Dios no es previsible. Es soberano. Se mueve cuando y donde escoge. El es Señor: nosotros somos sus siervos. Por lo tanto, debemos estar con El en una base apropiada para percibir sus instrucciones, su voluntad. El proceso de esperar en su presencia, con el propósito de exaltarlo y comunicarnos, es importante para tratar nuestro desarrollo como adoradores vivos. El adorador rinde homenaje al que está honrando. A veces la alabanza es activa —cantar, levantar nuestras manos, aclamar, arrodillarse— y en ocasiones es silenciosa, en devoción. Los contrastes son notorios, mientras que los motivos y objetivos son sinónimos. Con frecuencia, en momentos de alabanza activa, los adoradores invocarán la presencia del Señor. El unánime canto gozoso apela a Dios. La palabra confirma esto: «Pero tú [Dios] eres santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel» (Sal 22.3). Cuando el flujo de canciones llega a su fin, alguien puede orar, o se puede dar un mensaje en el Espíritu ( 1 Co 14.26). Es en este momento que yuxtaponemos la alabanza activa y la devoción silenciosa. Aun cuando quieta, la mente debe estar fija, con firmeza, en la «palabra» que ahora se está hablando. El adorador maduro sabe cuándo participar de manera activa y cuándo hacerlo devocionalmente. Incluso cuando uno está en silencio, escuchar una oración o procesar una «palabra» espontánea del Espíritu Santo, es la clase de adoración que enfoca el momento y evita las distracciones. En el acto de la adoración hay lugar para la participación activa y para la devoción silenciosa, De igual forma, en el proceso de adoración, andando con el Señor a diario conforme desarrollamos nuestra semejanza a Cristo, hay también momentos para cantar y momentos para estar en silencio. La alabanza tiene como propósito acercarnos más a la presencia de Dios. Una vez allí, podemos ser sabios para desarrollar la capacidad de estar en silencio, para oír su Palabra, y subsecuentemente obedecer.
Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra. Salmos 46:10
Tomado del Libro Hacia Una Alabanza Más Gloriosa Autor: Jack W. Hayford
Editor Agenda de Dios: Olman Rímola
|
Mensajes Anteriores
Buscar
Archivo de Mensajes
2013 (31)
2012 (307)
| ESTÉ QUETO Y CONOZCA |
Domingo, 01 de Abril de 2012 00:00
















