| ¿Has estado allí? ¿Has sentido ceder bajo tus pies el suelo de la convicción? El borde se derrumba, tus ojos se ensanchan y te vas abajo. ¡Cataplúm!
¿Qué haces entonces? Cuando caemos, podemos restarle importancia. Podemos negarlo. Podemos distorsionarlo. O podemos hacerle frente a la situación.
Con Dios no se pueden guardar secretos. La confesión no es decirle a Dios lo que hicimos. Él ya lo sabe. La confesión es sencillamente convenir con Dios en que nuestros actos fueron errados.
¿Cómo va a sanar Dios lo que negamos? ¿Cómo puede perdonarnos cuando no confesamos nuestra culpa? Ah, ahí está la palabra: culpa. ¿No es eso lo que queremos evitar? Culpa. ¿No es eso lo que detestamos? ¿Pero es tan malo ser culpables? ¿Qué implica la culpa sino que conocemos la diferencia entre lo malo y lo bueno, que aspiramos a ser mejores? La culpa es eso: un sincero remordimiento por decirle a Dios una cosa y hacer otra.
Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo,
y no me acordaré de tus pecados.
Isaías 43.25
Tomado del Libro Promesas Inspiradoras de Dios
Autor: Max Lucado
Editor Agenda de Dios: Olman Rímola
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Miércoles, 09 de Noviembre de 2011 00:00
















