El poder de Dios que toca corazones
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Sábado, 02 de Julio de 2011 00:00
     El poder de Dios está en contraste directo con el poder del hombre. No es externo, como el poder del hombre, sino interno. Al aplicar presión externa, puedo obligar a una persona a hacer lo que yo quiero que haga. Este es el poder del ser humano. Pero querer hacer que una persona sea lo que yo quiero que sea, sin al mismo tiempo destruir su libertad, solo el amor puede hacer que esto suceda.
     Y el amor hace que suceda no por la fuerza, sino creando una situación en la cual, de nuestra propia voluntad, queremos ser lo que el amor quiere que seamos. Y debido a que el amor de Dios no se impone sino que atesora nuestra libertad –como por encima de todas las cosas Él quiere que nosotros le amemos, es que tenemos que ser dejados en libertad de no amarlo- en otras palabras, somos libres para resistirlo, negarlo, crucificarlo finalmente, lo que hacemos una y otra vez. Esta es nuestra terrible libertad, la que el amor rehúsa conquistar para que, en esto, el mayor de los poderes, el poder de Dios, quede sin poder en sí mismo.
     Quizás algunos dicen: “Yo conozco el amor humano, y sé de su poder para sanar, liberar, dar significado y paz; pero el amor de Dios es solo una frase para mí”. Es posible que otros digan: “A pesar del poder que el amor humano tiene para sanar, reconozco que hay algo en lo profundo de mí y de aquellos que mejor conozco, que no está sano sino que duele con ansias. Ya que el amor de Dios es tan profundo, ¿cómo lo encuentro? ¿Cómo?”
     Si esta es realmente la pregunta, si en verdad busca este poder, entonces tengo una cosa para decirle, quizás no es la única cosa, pero sí sumamente importante: pídalo. Hay algo en mí que se retrae un poco al hablar tan directo e infantilmente, pero hablo de este manera porque es lo más importante que tengo dentro de mí para decir. Pida, y recibirá. Y lo opuesto también es verdad; si nunca ha conocido el poder del amor de Dios, quizás sea porque nunca ha pedido conocerlo –realmente pedirlo, esperando una respuesta- .
     Busque y encontrará este poder del amor de Dios para sanar, dar paz y, como mínimo, asemejándose a la vida real, poco a poco, como un niño, usted pueda ponerse de pie. Sí, levantarse. Pero debemos buscar, como un niño al principio, como si jugáramos una especie de juego al principio, ya que la oración es foránea para muchos de nosotros. Es tan difícil y tan fácil. Y todo depende de ella. Busque. Pida. Y por la gracia de Dios lo encontraremos.
 
Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
Mateo 7:7-8
 
 
Tomado del Libro Desayuno Para El Alma
Compilado por: Judith Couchman
 
 
Editor Agenda de Dios: Olman Rímola


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