| En un libro Up from Slavery, Booker T. Washington describe a un ex esclavo del estado de Virginia:
“Supe que este esclavo había firmado un contrato con su amo, unos dos o tres años antes de la Proclama de Emancipación, en el cual se estipulaba que al esclavo se le permitiría comprarse a sí mismo, al pagar cierta cantidad de dinero cada año por su cuerpo; y mientras lo hacía, se le permitiría trabajar dónde y para quien quisiera.
“Al enterarse que en Ohio podía recibir mejor salario por sus labores, hacia allí se dirigió. Al llegar la libertad para todos los esclavos, el hombre aún estaba en deuda con su amo por una suma de trescientos dólares. Aunque la Proclama de Emancipación lo liberaba de toda responsabilidad con su amo, este hombre negro recorrió gran distancia, de regreso a donde vivía aquél, en el estado de Virginia. Al llegar depositó en las manos del amo, el último dólar que le debía, con intereses.
“Al dialogar conmigo sobre este tema, el hombre me dijo que él sabía que no estaba obligando a pagar su deuda, pero que había empeñado su palabra con su amo, y que nunca había roto un compromiso. El hombre sentía que no podría disfrutar su libertad hasta que cumpliera su promesa”.
Aunque nació siendo esclavo, el hombre que Washington describió, conocía con certeza su valor. Más importante aun, él sabía que como hijo de Dios, y ahora libre, su palabra debía ser una en la que se puede confiar. Conocía que podría dormir en paz, si cumplía todas sus promesas.
Vivimos en un mundo donde empeñar nuestra palabra no es tomado con seriedad. Dios desea que andemos en bendición, y que podamos dormir en paz; es por esta razón que Él nos exhorta a ser conocidos como hombres de palabra firme.
Procura estar al tanto de todas las veces que prometes algo a los demás, y procura cumplir. No sólo dormirás en paz, sino que tus amigos, familiares, vecinos y compañeros de trabajo desarrollarán un nuevo respeto por ti.
Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra,
ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí,
y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación.
Santiago 5:12
Tomado del Libro Un Café Con Dios
Traducido al español por Gabriel Prada
Editor Agenda de Dios: Olman Rímola
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